Sí, reformúlate, reinvéntate, no importa si a nivel industrial o artesanal, lo que no puedes hacer es ser igual por siempre.
Sí, somos productos y como productos tenemos fecha de nacimiento y caducidad. Eres el encargado del producto frente al espejo. Tú defines tu tamaño, uso, etiqueta, objetivo, el punto de venta y el apoyo que recibirás. Si hoy tuvieses la oportunidad de compararte con un producto de consumo, ¿Cuál serias? ¿Cuál sería tu plan de comunicación? ¿Cómo te posicionarías? ¿Cuál sería tu “precio”? Ya puedo imaginar la campaña grandiosa qué harías sobre ti mismo…la mayoría pensamos que somos el mejor producto en el mercado.
Pero… ¿estás seguro que eres lo que dices? ¿Estás seguro de que realmente estas posicionado donde dices? ¿Estás seguro de que “vales” lo que dices? Aquí no estamos hablando de lo que vales como ser humano, ni cuán importante puede o deja de ser la opinión que tienen de ti los demás. Aquí se trata de la realidad, de lo que somos según el papel que queramos protagonizar. Tanto en la vida profesional como personal asumimos papeles, roles por los cuales como “productos” creemos que entregamos lo que prometemos pero no necesariamente es lo que el “consumidor” recibe.
Como producto debes evaluar si tu receta está adaptada al consumidor que escogiste, al entorno que escogiste para vivir. No se trata de complacer por complacer, se trata de cumplir con las expectativas que tú creaste. Se trata de mantenerte vigente y no ser un producto obsoleto, los tiempos cambian, los consumidores cambian, entonces es natural que como producto cambies. Se trata de que nos demos cuenta de que no somos el único producto en el mercado y que posiblemente estemos lejos de serlo. Así que sería bueno que de vez en cuando evaluáramos nuestra “receta”, sería bueno evaluar si necesitamos más de algún ingrediente o si por el contrario tenemos algo de mas que eliminar.
Sería bueno que en ocasiones le preguntes a consumidores sinceros que opinan de ti, seguramente te sorprenderás, si la sorpresa es buena o mala dependerá del trabajo que hayas hecho, dependerá de la calidad de producto que ofrezcas.
Procura que la etiqueta vaya acorde con el producto, que tu campaña sea sincera y clara, no prometas nada que no puedas cumplir, asegúrate de llenar las expectativas y si es posible superarlas. Después de todo no hay nada mas gratificante que ver a un consumidor satisfecho con su “producto”. Podríamos hablar un mundo de lo que podemos y no podemos hacer, de lo que se debe y no se debe hacer, pero lo que sí quiero que estemos claro es que al final del día no importa el tipo de producto que pretendes ser, ni la industria o territorio...el consumidor tiene la decisión final..
Claro está….si yo lo digo quizás sea cierto y Si tu lo dices es…
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