Creo escogeré vivir con la madurez de un niño, digo no es que quiera eludir mis responsabilidades, digo no es que quiera dejar de preocuparme por el futuro, digo no es que quiera olvidarme del pasado, es que simplemente creo será mas constructivo, divertido y productivo.
Como dijo Jean de la Bruyere; “Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros” Y esto será así hasta que un adulto enajenado de esta verdad le dañe la ilusión de vivir con un baño de realidad distorsionada. Somos nosotros los que de una forma u otra introducimos a los niños a la realidad cotidiana que vivimos. Lo hacemos consiente o inconscientemente apresuradamente para que aceleren y se integren y de esta forma nos ayuden a sobrellevar el peso de nuestras responsabilidades. Porque somos nosotros los que con nuestros problemas y situaciones desgarramos la sonrisa inocente de un niño que siente y padece aunque este a años luz de entender.
Quiero gozar mi presente como un niño mientras como adulto me preparo para el futuro, deberíamos saber la diferencia entre una cosa y la otra. No podemos eludir nuestras responsabilidades, pero ¿acaso ambas cosas no son compatibles? ¿Acaso no puedo disfrutar del presente, reírme, indagar, curiosear como niño…mientras como adulto me preparo?
Creo que para esto debo entonces aceptar que el término “Madurez” no es simplemente un estado posterior a la juventud pero anterior a la vejez. Quizás tampoco sea un término absoluto que defina la capacidad de buen juicio de un ser humano. Tampoco creo que en términos absolutos la persona sea emocionalmente “Madura” cuando ya ha desarrollado su pensamiento y conducta, de manera tal que pueda reaccionar sin “actitudes infantiles” tanto a las personas como a las situaciones que le rodean.
Voy a pensar si se puede definir un mejor termino para “madurez”, uno que te de la flexibilidad de poder vivir acorde a tus principios y no al de los demás. Un estado de madurez que no te aparte de afrontar las responsabilidades de la vida, pero que te permita poder elegir como vives la vida. Una definición que no excluya la inocencia de los niños, que no excluya la natural y esencial sinceridad de los niños.
Después de todo si “madurar” lejos de hacerme dulce como un niño me convierte en un adulto responsable, amargado, agrio, e incapaz de vivir el momento, prefiero entonces que me consideres verde. Porque menospreciar la madurez de un niño es lo peor que podemos hacer. Esa madurez que les permite aceptar las responsabilidades que les imponemos, sin olvidar lo que para ellos es mas importante, disfrutarse el hoy sin pensar en ayer o en mañana.
Claro está….si yo lo digo quizás sea cierto y Si tu lo dices es…

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