miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los Ideales…y los que los critican.

Me causa mucha gracia escuchar a la gente criticar los ideales o creencias de los demás. Ciertamente este es un asunto demasiado personal como para poder entenderlo.
Tanto en asuntos de religión, política o sociedad se critican los ideales de los demás pero no los propios, pero obviamente es absurdo autocriticarse ¿no?
Pero lo gracioso de este asunto no es lo meramente obvio, lo gracioso y absurdo es la crítica en sí. Sumamente gracioso porque las criticas lejos de ser constructivas y genuinas se vuelven mofas y ofensas.
Para empezar deberíamos estar claros de que no tenemos la verdad agarrada por el mango. Ninguno de nosotros es dueño de una verdad absoluta, por lo tanto la posibilidad de que estemos equivocados existe y en muchas ocasiones es más grande que nuestra verdad. Los ideales y creencias son personales por lo tanto se deben criticar desde una perspectiva NO personal y si quizás social, cultural o familiar. Soy crítico de casi todas las religiones (y digo casi todas por qué no conozco muchas y por lo tanto no puedo generalizar) y trato de hacerlo sin burlas, aunque es difícil porque algunas cosas son tan irrisoriamente absurdas que el cuestionado se siente “burlado”, sin ofender, lo que es mas difícil aun, por que el fanatismo es a veces tan irracional que la mera critica es ofensa.
En el caso de la política es más o menos igual, constantemente veo como se critican unos a otros de forma ofensiva. Pero también, esto en si no es gracioso, lo gracioso es ver como siempre critica el que menos sabe, lo gracioso es ver como el que critica lo hace por criticar, sin argumentos sólidos y sin sustancia. El que critica debería en principio fomentar el crecimiento del criticado, el que critica debe ser lo suficientemente “abierto” como para también aceptar criticas.
Es mi opinión y por ser mía la escribo,  que los críticos que sólo critican no construyen, destruyen, y por el contrario el que lo hace por bien siempre será respetado. Esto es así porque el que critica una postura, debe tener los pantalones para hacerlo, pero lo que lo hace grande es poder hacerlo con altura y sin ofender, pero sobre todo con argumentos sostenibles.
Diferir y criticar es bueno, pero hágalo con dignidad y respeto. Para criticar no hace falta ofender, menospreciar ni juzgar. Sólo bastan buenos argumentos expresados de forma clara y contundente de manera tal que no ofendan, pero si enciendan la luz dentro de cada uno de nosotros…esa lucecita que se prende cada vez que alguien nos saca del marasmo donde andábamos metidos. La luz es símbolo de iluminación y conocimiento, por lo tanto cada vez que la luz en su interior se encienda, en vez de correr a apagarla, deténgase y observe lo que hay en el cuarto.

Claro está… si yo lo digo quizás sea cierto, Si lo dices tú es…

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