Cada
año se repite la historia y este no fue la excepción. Un texto silente
interrumpe mi rutina, el solo ver el remitente, me transporta a un evento que
no quiero recordar, uno de esos momentos que solo escondemos para pretender que
nada pasó, pero la realidad es que no solo pasó, desde ese instante la cosa
cambió. “Holaaaa” decía el texto…”Holaaaaa! Le contesté, como si no supiera yo
que la intención no era solo saludar. “Ya van 6 años y parece que fue
ayer” siguió la conversación, solo para
yo responder con un escueto “Así es
esto…” no fue que mi respuesta terminara la conversación, es que ya todo lo que
había que conversar estaba conversado, un ritual anual, que nos permite
recordar, que nos obliga a no olvidar.
No
pasaron muchas horas y otro texto llegó, uno ni más ni menos importante, al
igual que el anterior, un ritual anual, solo que desde otra perspectiva, si
breve fue el primero, así de extenso fue el segundo.
Pedro
fue mi compañero de trabajo por mas de 4 años, compartí con él en el mismo espacio
de oficina, por mas de 50 horas semanales, a veces más, calcular esto sería
fácil, valorar no tanto. Fue un tipo diferente, diría ejemplar, pero no
perfecto, pero aun así a mil años luz de lo que era yo como ser humano en ese
momento. Aun cuando era víctima de mi “Bullying” diario, era mi pana, mi amigo.
Cierto, miren que a diario lo jodí, es que su personalidad afable y pasiva era
idónea para que un tipo como yo lo jodiera tanto, a el le gustaba….bien en el
fondo sabía que yo trato así a la gente que quiero y aprecio…una forma extraña
de querer, pero el que me conoce sabe que es cierto.
Lo
interesante de esto es que Pedrito me hizo pensar mucho, admiré en silencio su
don de gente, su capacidad infinita de ayudar, ese “sí” incondicional y esa
disponibilidad perpetua eran simplemente excepcionales. Llegué a conocer sus
defectos, sus fantasmas, pero realmente sus virtudes eran tantas que no hacía
falta buscarlas, saltaban a la luz.
José, fue otro amigo, que admiré, al igual que Pedro, era un ser de luz, “es que
no se puede ser tan decente” me decía yo. Algo que poco me importaba de él era
si era inteligente o educado (si lo era y bastante) y es que otra vez, ese don
de gente que tenía era increíble, siempre dispuesto, siempre afable, el tipo de persona a la que admiras y quieres o simplemente envidias, porque es que no
concibo poder odiar a alguien, mucho menos a alguien así…
Algo en común tenían esos dos, ambos murieron
a destiempo (según la natural perspectiva de lo que debe durar la ida) y de forma muy dolorosa (ninguna muerte es
placentera, pero algunas definitivamente son más trágicas que otras) ambos eran
tan buenos que el 99.9% de los que los conocieron sin lugar a dudas preguntaron
¿por qué?
Esas
muertes por inexplicable que sea no fueron inútiles, la muerte nunca lo es. No
se si fui yo o quién fue el que lo dijo, solo sé que muchos de los involucrados
aprendimos ese día a dejar de preguntar ¿por qué? Y comenzar a preguntar ¿Para
que? Definitivamente la cosa cambia un montón cuando cambiamos la pregunta.
Sencillamente
la muerte transforma la vida, es como un círculo que tiene que acabar para que
solamente otro comience. Pero ¿por qué esperar a la muerte de otros para
transformar nuestras vidas? No se la respuesta, a veces solo me conformo con la
simple respuesta de “Así somos”.
Dicen
que somos energía, que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Así
lo veo yo, la muerte es solo energía transformándose, logrando cambio,
evolucionando, claro está, como todo, las cosas pasan cuando tienen que pasar y
a quien tiene que pasar y si te pasa a ti, no te preguntes porqué, te pasa
porque es el momento correcto, te pasa porque en el subconsciente estas
preparado. Empieza por cambiar la pregunta y las respuestas empezaran a fluir.
Claro
está, si yo lo digo quizás sea cierto, pero Si tu lo dices es…
A mis amigos de siempre, Pedro Santiago y José Antonetti
No hay comentarios:
Publicar un comentario