sábado, 25 de junio de 2016

No es ¿por qué? es...¿Para que?

Cada año se repite la historia y este no fue la excepción. Un texto silente interrumpe mi rutina, el solo ver el remitente, me transporta a un evento que no quiero recordar, uno de esos momentos que solo escondemos para pretender que nada pasó, pero la realidad es que no solo pasó, desde ese instante la cosa cambió. “Holaaaa” decía el texto…”Holaaaaa! Le contesté, como si no supiera yo que la intención no era solo saludar. “Ya van 6 años y parece que fue ayer”  siguió la conversación, solo para yo responder con un escueto  “Así es esto…” no fue que mi respuesta terminara la conversación, es que ya todo lo que había que conversar estaba conversado, un ritual anual, que nos permite recordar, que nos obliga a no olvidar.

No pasaron muchas horas y otro texto llegó, uno ni más ni menos importante, al igual que el anterior, un ritual anual, solo que desde otra perspectiva, si breve fue el primero, así de extenso fue el segundo.

Pedro fue mi compañero de trabajo por mas de 4 años, compartí con él en el mismo espacio de oficina, por mas de 50 horas semanales, a veces más, calcular esto sería fácil, valorar no tanto. Fue un tipo diferente, diría ejemplar, pero no perfecto, pero aun así a mil años luz de lo que era yo como ser humano en ese momento. Aun cuando era víctima de mi “Bullying” diario, era mi pana, mi amigo. Cierto, miren que a diario lo jodí, es que su personalidad afable y pasiva era idónea para que un tipo como yo lo jodiera tanto, a el le gustaba….bien en el fondo sabía que yo trato así a la gente que quiero y aprecio…una forma extraña de querer, pero el que me conoce sabe que es cierto.

Lo interesante de esto es que Pedrito me hizo pensar mucho, admiré en silencio su don de gente, su capacidad infinita de ayudar, ese “sí” incondicional y esa disponibilidad perpetua eran simplemente excepcionales. Llegué a conocer sus defectos, sus fantasmas, pero realmente sus virtudes eran tantas que no hacía falta buscarlas, saltaban a la luz.

José, fue otro amigo, que admiré, al igual que Pedro, era un ser de luz, “es que no se puede ser tan decente” me decía yo. Algo que poco me importaba de él era si era inteligente o educado (si lo era y bastante) y es que otra vez, ese don de gente que tenía era increíble, siempre dispuesto, siempre afable, el tipo de persona a la que admiras y quieres o simplemente envidias, porque es que no concibo poder odiar a alguien, mucho menos a alguien así…

 Algo en común tenían esos dos, ambos murieron a destiempo (según la natural perspectiva de lo que debe durar la ida)  y de forma muy dolorosa (ninguna muerte es placentera, pero algunas definitivamente son más trágicas que otras) ambos eran tan buenos que el 99.9% de los que los conocieron sin lugar a dudas preguntaron ¿por qué?

Esas muertes por inexplicable que sea no fueron inútiles, la muerte nunca lo es. No se si fui yo o quién fue el que lo dijo, solo sé que muchos de los involucrados aprendimos ese día a dejar de preguntar ¿por qué? Y comenzar a preguntar ¿Para que? Definitivamente la cosa cambia un montón cuando cambiamos la pregunta.

Sencillamente la muerte transforma la vida, es como un círculo que tiene que acabar para que solamente otro comience. Pero ¿por qué esperar a la muerte de otros para transformar nuestras vidas? No se la respuesta, a veces solo me conformo con la simple respuesta de “Así somos”.

Dicen que somos energía, que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Así lo veo yo, la muerte es solo energía transformándose, logrando cambio, evolucionando, claro está, como todo, las cosas pasan cuando tienen que pasar y a quien tiene que pasar y si te pasa a ti, no te preguntes porqué, te pasa porque es el momento correcto, te pasa porque en el subconsciente estas preparado. Empieza por cambiar la pregunta y las respuestas empezaran a fluir.

Claro está, si yo lo digo quizás sea cierto, pero Si tu lo dices es…


A mis amigos de siempre, Pedro Santiago y José Antonetti