La vida
siempre nos da la bendición de saber la diferencia, la vida siempre nos muestra
el camino para saber que la ausencia de luz absoluta aún está por verse, que no
basta con el estado actual del cuerpo y mucho menos del alma.
Vamos por
la vida cuestionando todo lo malo, cuestionando la tristeza, lo poco que
tenemos y lo mal que nos va. Tiramos piedras al cielo buscando reventar un
Ángel que nos sirva de chivo expiatorio, un enajenado Ángel con el cual nos
podamos desquitar.
Maldecimos
sin parar todo aquello insoportable, todo lo que subjetivamente carece de
valor, carece de importancia. ¿De qué demonios sirve el sufrimiento? Replicamos
sin parar, porque si de algo sirviera ya fuésemos millonarios, reclamamos sin
dudar.
Que no me da el día, que el tiempo vuela sin
darnos tiempo a disfrutar, es cuestión de perspectiva dicen unos, es cuestión
de actitud digo yo. Que sin tanto dolor
no existiría el placer, que si tantas lagrimas no existirían sonrisas.
Que la vida
solo te enseña a valorar las cosas, que la vida solo pone en ti la sabiduría de
saber que existe el lado opuesto a todo aquello que detestas, eso ya lo sabes,
el problema es que si no lo supieras fueses solo una caja de metal, jugando a
ser humano. La vida siempre nos da la bendición de saber la diferencia, entre
el dolor y la alegría, no para que detestemos uno y nos aferremos a lo otro, no
para que maldigas y te ensañes, Te enseña la alegría para que puedas soportar
el dolor, te enseña el dolor para que valores y compartas tu alegría.
La diferencia
de saber la diferencia está en la actitud que tengamos ante los polos opuestos,
que el estado actual solo es temporero, porque solo lo que muere está en estado
permanente y eso también está por verse.
Claro está,
si yo lo digo quizás sea cierto, pero Si tú lo dices es…
