viernes, 16 de agosto de 2013

Fidelidad – Una cuestión de oferta y demanda


Puede sonar duro, cruel e irracional, pero si alguien no le fue fiel fue simple y sencillamente que usted no satisfizo una necesidad. Puede ser de una persona, de un cliente o un consumidor, para cualquiera de los casos no hay que buscar mucha explicación, después de todo no debería necesitarse. Cada persona, cliente, consumidor  no importa género, sexo, edad o mil clasificaciones más, tiene necesidades y las tendrá mientras exista, esto implica que lógicamente las necesidades evolucionan y se transforman, algunas más, algunas menos, pero con el pasar del tiempo, nuestras necesidades definitivamente cambian.

El problema no es que las necesidades cambien, se transformen o evoluciones, eso en mi opinión es totalmente normal, lo que para mí es totalmente absurdo es pretender que esto no es una realidad cotidiana. Y es aquí donde entran las “infidelidades”, cuando nuestra capacidad (como pareja, suplidor, proveedor, amigo, empleador, etc…etc…etc.) no evolucionan a la misma velocidad, y en la mayoría de las ocasiones, por no decir en todas, no es por falta de capacidad intelectual, física o financiera, más bien por la gran capacidad que tenemos de enajenarnos de la realidad…por la gran capacidad que tenemos de asumir que todo está bien y ni si quiera molestarnos en preguntar.

Debo aclarar que no es los mismo ser culpable que responsable, en ocasiones ciertamente no basta con el conocimiento y la intención, también debe haber disposición e interés, como he dicho antes, solo se pierde lo que queremos perder. No digo que las razones que en ocasiones tenga cualquiera para sernos infiel sean  razones cuestionables, bajas y de poca moralidad, el problema es que los valores son subjetivos y no necesariamente iguales en todas las partes. Solo digo que si hay una demanda, independientemente de la moralidad, validez o justificación, de lo legal o ilegal, somos responsables de decidir suplirla o  no. Si decidimos suplirla no habrá o no debería haber infidelidad, si decidimos por conveniencia no hacerlo, puede que algún contrato, puede que algunos valores, nos salven de una infidelidad…lo más probable es que no.
Ahora hablando de contratos, si existe, el mismo es un contrato “virtual”, uno entre ambas partes que establece una relación “ganar-ganar” entre “A” y “B”. Digo virtual porque la fidelidad está basada en eso, en un compromiso intangible entre dos partes, cualquier otra cosa seria incumplimiento de un contrato escrito (tal y como lo establece los menesteres de la ley y lo legal)  y el término  fidelidad no aplica, ya que solamente existe una relación contractual. Lo bonito ( o feo en algunos casos) de este compromiso virtual es que puede ser roto por cualquiera de las dos partes en cualquier momento, o sea que cuando usted decide por conveniencia o por ignorancia el no suplir algunas necesidades, usted fomenta la disolución de la relación, cuando decidimos que nuestro camino va en otra dirección, empujamos la ruptura de la relación (ojo…puede ser una relación amorosa o comercial).
La fidelidad está condicionada a que se cumplan a cabalidad estas necesidades, nuestra opción es decidir si mantener o no el sacrificio que en algunos casos conlleva el compromiso. Condicionamos la fidelidad a nuestra conveniencia, consiente o inconscientemente, si escogemos no escuchar, ni ver, ni sentir, ni darnos cuenta  fue porque no quisimos, si nos interesa una relación es nuestra responsabilidad saber qué hace falta para ello y si realmente tenemos la capacidad de lograrlo. Es de nosotros decidir postergar lo inevitable o adaptarnos a las nuevas realidades…
La fidelidad es una cuestión de como la oferta se adapta a la demanda, de cómo estas pueden coexistir en armonía. Un cliente que es fiel a un suplidor solo por precio, puede que pronto sea infiel, porque llegará pronto un momento en el que si usted por conveniencia o no decide no suplir la misma…lo inevitable pasará y ¿sabes qué? Puede que sea lo mejor, puede que en ocasiones promover la infidelidad sea lo que más nos conviene. Un empleado que le sea fiel a su compañía solo por la necesidad del trabajo, pronto será infiel.La fidelidad como dije es una cuestión de oferta y demanda y de cómo estas evolucionan sin fricción, de cómo avanzan hacia el frente y en líneas paralelas…todos somos clientes, todos somos consumidores, todos somos fieles y todos somos infieles. La próxima ocasión en que una infidelidad le cause molestia o dolor no pierda el tiempo echando culpas, aproveche la oportunidad para actualizarse, remodelarse y reajustar sus anaqueles…incremente su capacidad de producir y claro está exija en la misma medida que esté dispuesto a dar.
Claro está… si yo lo digo quizás sea cierto, Si lo dices tú es…

jueves, 1 de agosto de 2013

La felicidad no existe...

La felicidad no existe
La felicidad según la masa encefálica que ocupa mi cabeza no existe, o por lo menos no de forma absoluta…o digámoslo de otro modo, la felicidad como un “todo” no existe. Desde ese mismo lugar concluyo que lo que si existe son momentos esporádicos de alegría elevados al grado de éxtasis por un tiempo o momento determinado. Según el grado y la frecuencia de estos eventos o momentos seremos entonces “encasilladlos” como personas felices o infelices.
Dependerá entonces la felicidad de la cantidad de “fuentes” a nuestra disposición, dependerá de que provoque o que nos provoca estos momentos de alegría. Podríamos decir entonces que mientras más razones tengamos para ser felices, más felices seremos. Pero y ¿Por qué en la vida real esto no funciona así? ¿Por qué frecuentemente vemos que mucha gente que tiene lo que nosotros queremos es en ocasiones mucho menos felices que nosotros?
Parte de la razón es que efectivamente para la mayoría de las personas la felicidad está en lo que tienen otros y no en sus posesiones. Es una clara explicación a porque existen tantos pobres infelices en este mundo, que no lo son por la carencia de dinero sino mas bien por la falta de agradecimiento de todo lo que poseen y/o tienen a sus disposición.
Por otra parte aquellos que usualmente lo tienen todo pierden con la cantidad la sensibilidad de aquello que realmente importa. Cuando la fuente de felicidad radica en las posesiones materiales y no en el agradecimiento y uso de los bienes, es entonces donde entramos en un círculo vicioso que rara vez se detiene y que termina provocando más pena que gloria por lo volátil y frágil de la fuente.
Un auto nuevo puede provocar felicidad, pero momentánea, por eso la necesidad constante de tener un carro nuevo. Sin embargo para aquel que ha pasado todo su vida caminando un carro nuevo no significa nada, lo que significa es tenerlo, poder llevar a su familia al sitio que nunca pudo, para estos el momento de gloria durará mientras perdure en su memoria la realidad pasada y la realidad actual. Lo mismo pasa con todos los bienes materiales, mientras unos son felices momentáneamente por un  techo nuevo y lujoso, otros son felices casi por siempre con solo tener techo. La felicidad desaparece tan rápido como desaparece la euforia de un juguete nuevo.
Y aquí entramos a la otra cara de la moneda, cuando la fuente de la felicidad no es la posesión y si lo que puedo hacer con ella, entonces la cosa cambia. En mi opinión la felicidad está basada en el compartir, solo así se hace longeva, solo así se prolonga el estado de éxtasis. Podemos tener todas las posesiones del mundo, pero si no las compartimos no lograremos ser felices, porque después de todo la felicidad si no se comparte es egoísmo.
Claro está… si yo lo digo quizás sea cierto, Si lo dices tú es…