martes, 27 de octubre de 2015

La diferencia está…en saber la diferencia….

La vida siempre nos da la bendición de saber la diferencia, la vida siempre nos muestra el camino para saber que la ausencia de luz absoluta aún está por verse, que no basta con el estado actual del cuerpo y mucho menos del alma.
Vamos por la vida cuestionando todo lo malo, cuestionando la tristeza, lo poco que tenemos y lo mal que nos va. Tiramos piedras al cielo buscando reventar un Ángel que nos sirva de chivo expiatorio, un enajenado Ángel con el cual nos podamos desquitar.
Maldecimos sin parar todo aquello insoportable, todo lo que subjetivamente carece de valor, carece de importancia. ¿De qué demonios sirve el sufrimiento? Replicamos sin parar, porque si de algo sirviera ya fuésemos millonarios, reclamamos sin dudar.
Que  no me da el día, que el tiempo vuela sin darnos tiempo a disfrutar, es cuestión de perspectiva dicen unos, es cuestión de  actitud digo yo. Que sin tanto dolor no existiría el placer, que si tantas lagrimas no existirían sonrisas.
Que la vida solo te enseña a valorar las cosas, que la vida solo pone en ti la sabiduría de saber que existe el lado opuesto a todo aquello que detestas, eso ya lo sabes, el problema es que si no lo supieras fueses solo una caja de metal, jugando a ser humano. La vida siempre nos da la bendición de saber la diferencia, entre el dolor y la alegría, no para que detestemos uno y nos aferremos a lo otro, no para que maldigas y te ensañes, Te enseña la alegría para que puedas soportar el dolor, te enseña el dolor para que valores y compartas tu alegría.
La diferencia de saber la diferencia está en la actitud que tengamos ante los polos opuestos, que el estado actual solo es temporero, porque solo lo que muere está en estado permanente y eso también está por verse.


Claro está, si yo lo digo quizás sea cierto, pero Si tú lo dices es…