Sentado a la
espera de mi desayuno, en mi lugar favorito, un chinchorro que carece de
esplendor pero le sobra la magia y el sabor, observo mientras espero.
5 parejas y un
comensal solo, son la clientela de la mañana...curiosamente creo que las
parejas están cronológicamente balanceadas...hay unas que están rondando los
20...otra los 30...otros los 40 y una parejita de gringos sobre los 50...(creo
que les hice un favor..)
Lo curioso es
que siendo yo el único sin nadie con quien conversar era el más dispuesto a
hacerlo...increíblemente las 4 parejas más jóvenes casi ni hablaban entre
sí...malditos celulares ocupan toda la atención.
Llego mi tan
esperado desayuno y como dije...observe a la única pareja que se dedicó a
conversar....si...los gringos...creo por eso les hice el favor de quitarles par
de años...por Dios ¿así somos? ¿Así nutrimos las relaciones hoy día?
Termine mi
desayuno y el resto de las parejas sólo soltaron el celular porque con dos
manos solo pueden comer y beber, pero con una mano extra no me extrañaría
agarrasen el celular. Y los gringos no paraban de dialogar…ahh aun cuando ni
recuerdo lo que hablaban, recuerdo la química de la conversación… ella hablaba,
el la escuchaba, se miraban, se atendían y si, de vez en cuando curioseaban en
los alrededores del local, solo para repetir la secuencia.
Digo, soy amante
de la tecnología, ¿que haría sin mi celular para conectarme con mis seres
queridos en la distancia? Pero con el paso de los años se aprende a valorizar
ciertas cosas que cuando nos sobran no importa. Parte de la magia del lugar y
el que me conoce sabe de que lugar hablo y de que magia hablo, es el ambiente,
el aire que se respira y los alrededores, pero mas que todo eso, es lo que
propicia, especialmente cuando lo visitas con compañía.
Puede
ser que sea yo un poco cursi, o como me dice alguien muy especial… “patético”
pero lo que habían allí eran parejas, ¿será que la cotidianidad esfuma las
ganas de conversar? ¿Sera que ya no hay de que hablar? Puta madre…es mi lugar
especial y no puedo comprender como no pueden dedicarse atención los unos a los
otros… Solo una pareja (si los viejitos) hablaban si cesar, sin dejar de tener
la delicadeza de mirar a los ojos a alguien que merece tu atención.
Termine
mi suculento desayuno justo a tiempo para sufrir una decepción mas…la “viejita”
¡sacó el puto celular! Gracias a Dios solo fueron segundos y puedo concluir que solo lo saco en
lo que surgía un tema de conversación.
Creo
nos asusta el silencio, como si las palabras fuese la única forma de conversar,
debe ser que soy un tipo raro que aun disfruta observar, sentir y escuchar. O
puede ser quizás que mientras mas aprendemos a usar nuestros celulares, mas
olvidamos como usar nuestros sentidos, bien lo dice el dicho, el sentido común
se ha vuelto el menos común de los sentidos.
Claro está, si yo lo digo quizás sea cierto y Si tú lo dices es…